Entierro de pobre, ya sabes, amigo.
no quiero que vengan los otros conmigo.
Los otros, aquellos del otro camino,
los que me dijeron: es agua tu vino.
Los que sacudieron mi rama florida.
para tejer burlas, en charla subida.
Entierro de pobre, ya sabes amigo,
sin flores horribles de trapo, contigo
y mis cuatro hermanos bellos, silenciosos,
sin una etiqueta, sin esos curiosos,
sin los obligados que dicen: debía
venir al entierro y en charla vacía,
prosiguen narrando su precioso cuento.
Entierro de pobre. Mi acompañamiento
será de unos pocos. La misa temprano,
de aquel padre Valle, canto gregoriano,
en iglesia pobre y un solo cantor,
misa verdadera de Nuestro Señor.
También te pido, me libres, hermano,
del insulto magno, al diario profano
que diario blasfema, dile, que no es cierto,
que quién le ha contado que me hubiese muerto
que estoy bueno y sano y así no dirán
sus majaderías de parrampamplán:
noble, generoso, digno, caballero,
ciudadano probo, patriota sincero
de firme carácter, hombre superior…
y otros disparates del mismo color
Acuérdate hermano de todos aquellos
versos de mis libros, silenciosos, bellos,
Del “Agua encantada”, de estos mis “Caminos”
que son el consuelo de los peregrinos,
de “Espumas y estrellas”, del “Libro Menor”
que a todos encanta con su buen olor.
Entierro de pobre, ya sabes, amigo,
No quiero que vengan los otros conmigo.
Azarías H. Pallais
Poeta y sacerdote nicaragüense, 1885-1954.