Qué tengo yo, que mi amistad procuras


¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía
"Alma, asómate agora a la ventana;
verás con cuánto amor llamar porfía"

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Lope de Vega



viernes, 26 de agosto de 2011

Madre, me duelen las injusticias


En 1989, primer año de trabajo en una universidad de Managua, un día, cuando iba llegando, observé que un niño en un predio vacío recogía desperdicios de un montón de basura y se los comía. Esto no lo había visto en mis pueblos del Norte. Había visto pobreza, pero no esto. Llegué a la oficina, y después de participar en la organización del acto para las madres, reflexioné y escribí... Recordé a las madres de los jóvenes del servicio militar, a las madres de los que murieron en la guerra contra Somoza. También pensé en los que no tienen dinero para regalarle y resultó esto que leía el Día de la Madre, durante el acto.


Madre,
Me duelen las injusticias


Madre, ayer vi a un niño
y me dolió tanto el alma
como te dolerían
tantas veces juntas las entrañas.

Detrás de ese niño
aparecieron otros,
cabezones y barrigones,
sucios y descalzos,
esqueléticos y bien portados.

Me dolió tanto el alma
como a las madres
que solas hoy están,
como a los hijos
que hoy prefieren alejarse
y a sus madres acercarse
en su triste inmensidad.

Y yo que andaba
por su regalo preocupada
¡Qué ironía!

Entonces, pensé en las tiendas
y en las fiestas de las madres.
Y en la alegría de ese niño
entre los desperdicios
de mañana, jubiloso.

Ese niño no lo olvido,
fue la imagen de otros más.
¡Pobres madres!
en el Día de la Madre.
Pobres días de esas madres
En su triste eternidad.

Madre,
Me duelen las injusticias
de la vida.
Y esta angustia...
que parece no acabar.

Madre,
Usted que reza tanto
¿qué sabe de la eternidad?

Pues…
yo no sé si en la otra vida
se reencarne la injusticia,
porque entonces,
yo prefiero esta agonía
y seguir viendo a ese niño

Sucio
Descalzo
Sin camisa

buscando su sustento
rn las cercanías
de mi limpia
bien cuidada
y cristiana
universidad.


Doraldina, mayo de 1989.