Doraldina Zeledón Úbeda
El Nuevo Diario, Managua, Nicaragua - Martes 18 de Marzo de 2008 -
El derecho a la vida es sagrado, nadie lo pone en duda, pero para lograrlo hay que garantizar la realización de otros: derecho a la alimentación, al agua, a la salud. Y al empleo. Es por esto que pelean los trabajadores de “La Chureca”.
Por varios días los camiones no pasaron. Managua estuvo inundada de basura. Los trabajadores del vertedero “La Chureca” no permitieron descargar los residuos, alegando que los recolectores de la Alcaldía “ordeñan” las bolsas, para quedarse con lo principal. La amenaza de una epidemia fue la alarma de las autoridades. No es para menos, corre peligro la salud de más de un millón 200 mil habitantes de la capital. Ésa es la noticia, y traspasó las fronteras. Lo demás, mil 600 personas que a diario se exponen a enfermedades de todo tipo, además de sufrir hambre y desnutrición, no es motivo de preocupación. Ni es noticia, porque no es nuevo. Hay miles en igual situación. Y en todo el mundo.
El problema no es por la protesta de los trabajadores de La Chureca, que viven de lo que recogen; ni de los recolectores de la Alcaldía, que “ordeñan” los residuos antes de descargarlos en el basurero, porque tienen bajos salarios. El problema, en primera instancia, es la falta de un sistema de gestión de residuos.
Pero el caso va más allá, no es sólo una posible epidemia, que sería terrible, ni falta de un sistema de gestión de residuos. Ni que las bolsas lleguen vaciadas al botadero. Esto es sólo la muestra de un mal mayor y crónico, que se manifiesta en un tumor purulento que revienta, duele y tiene mal olor. Un olor que está adentro, hasta el fondo del sistema: el problema es el abandono en que viven miles de familias (en todo el país) que no pueden hacer realidad su derecho humano a la alimentación, y por ende su derecho a la vida, ya no digamos a un ambiente saludable. Es la falta de empleos, la pobreza. Si estas familias de La Chureca tuvieran un trabajo digno, no estarían peleando por los residuos y los habitantes de Managua no estuvieran inundados de basura.
Es triste que haya gente que diga, a mí no me importa lo que pasa en La Chureca, lo que me interesa es que se lleven la basura. Es inaceptable que una alta autoridad exprese que el terreno del basurero es propiedad de la Alcaldía y que pueden sacar a los que protestan. Y es doloroso que la situación se manipule o se ironice. Esta falta de sensibilidad, de solidaridad, de honestidad, estos residuos de un sistema que nos carcome, es tan común como la basura en la calle. Y la gente no es del todo culpable, pues el ambiente descompuesto en el que vivimos diariamente y las propias penurias, empujan a ver sólo por nuestro interés. Pero sí son responsables los políticos y funcionarios, de ayer y de hoy.
Leí que hay cuatro factores de muerte precoz en el mundo: la guerra, el terrorismo, el SIDA y el hambre, y que ésta mata más gente que los otros tres juntos. Se legisla contra éstos y no contra el hambre “porque la pobreza es el único factor que hace distinción de clase” (Freí Veto). Sin embargo, estamos viendo que la pobreza también afecta a los ricos y a los no pobres. Y debería ser un problema de todos.
Hay muchas organizaciones y organismos internacionales que trabajan por el derecho a la alimentación. Deberían aunar esfuerzos, de paso se ahorrarían recursos que servirían para crear empleos dignos para los pobres, que no están pidiendo limosna, sino exigiendo una oportunidad para trabajar. También debería haber un programa de nación, no de partido, contra el hambre, al que se unan todos los sectores, incluyendo la empresa privada y los todos los partidos políticos; pues no es responsabilidad sólo del gobierno. Tenemos ejemplos en otros países, que deberíamos seguir. Supe en estos días, que en Guatemala hay un banco de alimentos por iniciativa del sector privado. Y en otros países de América Latina. ¿Por qué no puede ser posible aquí? ¿Por qué si la guerra nos conmueve por la cantidad de muertos, no nos conmueve los miles de personas que mueren diariamente por falta de alimentos? ¿Por qué la muerte o el secuestro de una persona mueven aviones y batallones, y la muerte de miles a causa del hambre ni nos inmuta?
Mientras tanto, nos preparamos para la Semana Santa, unas a rezar, otros a refrescarse y otros a descansar. Y “Cristo va por las calles flaco y enclenque” * cargando su eterna cruz. Y muchos derechos, sin embargo, muere viviendo de los desechos.
* Rubén Darío, en el poema "A Colón".
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A Colón
Rubén Darío
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.
Un desastroso espíritu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.
Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.
Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros Reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.
Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semi-española
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.
Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertades yacen deshechas:
¡Eso no hicieron nunca nuestros Caciques,
a quienes las montañas daban las flechas!
Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas;
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!
Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España,
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la montaña.
¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!
Libres como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.
Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.
La cruz que nos llevaste padece mengua;
y tras encanalladas revoluciones,
la canalla escritora mancha la lengua
que escribieron Cervantes y Calderones.
Cristo va por las calles flaco y enclenque,
Barrabás tiene esclavos y charreteras,
y las tierras del Chibcha, Cuzco y Palenque
han visto engalonadas a las panteras.
Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!
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Qué tengo yo, que mi amistad procuras
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía
"Alma, asómate agora a la ventana;
verás con cuánto amor llamar porfía"
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
Lope de Vega