Qué tengo yo, que mi amistad procuras


¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía
"Alma, asómate agora a la ventana;
verás con cuánto amor llamar porfía"

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Lope de Vega



sábado, 18 de octubre de 2008

Hambre y derechos humanos

Doraldina Zeledón Úbeda


El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, este año con más hambre. Según la FAO “El alza de precios de los alimentos ha llevado a 75 millones de personas adicionales a una situación de hambre, con lo que la cifra de población desnutrida en el mundo en 2007 se eleva a 923 millones de personas” (Nota de prensa 18 de septiembre 2008). Así, ya no son los 848 millones de que se hablaba. Y habrá que agregar los de este año.
Se han señalado varias causas para el alza de los alimentos y por ende el aumento del hambre: el alto precio del petróleo y sus derivados, el incremento de biocombustibles que utilizan alimentos como materia prima; los desastres socioambientales agravados por el cambio climático, las guerras, las deudas internas y externas, el acaparamiento de alimentos, la falta de acceso a la tierra y al financiamiento, el deterioro y uso indiscriminado de los recursos naturales. Pero también, la falta de voluntad política para echar a andar acciones que de verdad contribuyan a erradicar el hambre.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamó el derecho a la alimentación, igualmente el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, especificando "el derecho fundamental de toda persona a estar protegida contra el hambre". Nuestra Constitución dispone que “es derecho de los nicaragüenses estar protegidos contra el hambre. El Estado promoverá programas que aseguren una adecuada disponibilidad de alimentos y una distribución equitativa de los mismos” ( Arto. 63). Además, “El derecho a la vida es inviolable e inherente a la persona humana” (Arto. 23). Y nadie puede vivir sin alimentarse.
Como vemos, es una protección constitucional, por lo tanto una obligación del Estado reconocer ese derecho y hacerlo realidad. Pero también es necesario que cada quien reconozca y reclame su derecho. Sin embargo, ante tantas carencias se vuelve un círculo vicioso: con hambre no se puede reclamar, sin educación no se conocen los derechos, sin acceso a la información no se puede reclamar. Sin acceso al agua potable no hay alimentación, ni salud; con hambre no puede haber salud. Sin trabajo no hay comida, ni salud ni educación. Y sin un ambiente saludable no hay salud. Entonces, para que se haga efectivo el derecho a la alimentación, se tienen que garantizar otros derechos. Y el hambre a su vez, afecta la producción y el desarrollo del país. Un país pobre, sin salud y sin educación no puede prosperar.
Los derechos humanos constituyen un sistema, son interdependientes. Si no se asegura el agua potable, el derecho al trabajo, no se puede asegurar la alimentación. Y el derecho al trabajo conlleva libertad de opinión, de reunión, libertad sindical, de acceso a la información.

El derecho a la educación es fundamental, junto con el derecho a la salud y al trabajo. Un niño enfermo, con hambre o mal nutrido no puede estudiar, a lo mejor ni siquiera tiene acceso a la escuela, pues primero tiene que buscar qué comer. Una familia sin trabajo no puede dar estudios a sus hijos.
¿Y qué significa tener derecho a la alimentación? ¿De qué sirve que se reconozca si no se cumple? Según la FAO, la aplicación del derecho a la alimentación “implica que los Estados tienen determinadas obligaciones cuyo cumplimiento las personas están legitimadas para exigir. Los Estados tienen la obligación de “respetar, proteger y hacer efectivo”; eso significa, en primer lugar, que el propio Estado no debe privar a nadie del acceso a una alimentación adecuada; en segundo lugar, que debe impedir que nadie sea privado de dicho acceso de cualquier otra forma; y en tercer lugar, que cuando alguien carezca de hecho de una alimentación adecuada, el Estado debe crear de forma proactiva un entorno favorable para que las personas logren la autosuficiencia alimentaria o, cuando ello no sea posible, debe garantizar que se proporcionen alimentos. Toda persona es titular de derechos y está plenamente legitimada para exigir que el Estado cumpla dichas obligaciones (FAO, “El derecho a la alimentación en la práctica – aplicación a nivel nacional).
Pero para reclamar ese derecho, se necesitan medios, una administración pública y un sistema de justicia apegados a la Constitución. ¿De qué medios puede contar un hambriento para hacer realidad su derecho a estar alimentado o qué seguridad tiene un desempleado de que si interpone un recurso de amparo será escuchado?
Entonces, así como los derechos humanos son un sistema, así la sociedad debería integrarse en un sistema donde lo que importe sea el bien común, el apoyo a las desprotegidos. Pero no es sólo hacer campañas para recoger dinero, sino que cada quien, desde donde esté, de forma personal o institucional, y con los recursos materiales, intelectuales, de amor y conciencia, pueda contribuir a la creación de empleos, a fiscalizar para disminuir la corrupción, a opinar para contribuir, a que no se despilfarre el presupuesto. Duele ver tanta publicidad sin contenido ni gracia, mientras los niños y las niñas, bajo el sol o la lluvia, buscan el gallopinto de cada día.
Habrá que trabajar y votar para que el desarrollo humano y con humanismo llegue a todos, y no para hacer realidad los sueños de unos pocos, sino el sueño de una Nicaragua sin hambre.
Publicado en El Nuevo Diario, 16 octubre 2008-

El Fardo
Rubén Darío

Allá lejos, en la línea como trazada con un lápiz azul, que separa las aguas y los cielos, se iba hundiendo el sol, con sus polvos de oro y sus torbellinos de chispas purpuradas, como un gran disco de hierro candente. Ya el muelle fiscal iba quedando en quietud; los guardas pasaban de un punto a otro, las gorras metidas hasta las cejas, dando aquí y allá sus vistazos. Inmóvil el enorme brazo de los pescantes, los jornaleros se encaminaban a las casas. El agua murmuraba debajo del muelle, y el húmedo viento salado que sopla de mar afuera a la hora en que la noche sube, mantenía las lanchas cercanas en un continuo cabeceo.
* *
Todos los lancheros se habían ido ya; solamente el viejo tío Lucas, que por la mañana se estropeara un pie al subir una barrica a un carretón, y que, aunque cojín cojeando, había trabajado todo el día, estaba sentado en una piedra, y, con la pipa en la boca, veía triste el mar.
-Eh, tío Lucas, ¿se descansa?
-Sí, pues, patroncito.
Y empezó la charla, esa charla agradable y suelta que me place entablar con los bravoshombres toscos que viven la vida del trabajo fortificante, la que da la buena salud y la fuerza delmúsculo, y se nutre con el grano del poroto y la sangre hirviendo de la vi ña.
Yo veía con cariño a aquel rudo viejo, y le oía con interés sus relaciones, así, todas cortadas, todas como de hombre basto, pero de pecho ingenuo. ¡ Ah, conque fue militar! ¡Conque de mozo fue soldado de Bulnes! ¡Conque todavía tuvo resistencias para ir con su rifle hasta Miraflores! Y es casado, y tuvo un hijo, y...
Y aquí el tío Lucas:
-Sí, patrón, ¡hace dos años que se me murió!
Aquellos ojos, chicos y relumbrantes bajo las cejas grises y peludas, se humedecieron entonces.
-¿Que cómo se me murió? En el oficio, por darnos de comer a todos; a mi mujer, a los chiquitos y a mí, patrón, que entonces me hallaba enfermo.
Y todo me lo refirió, al comenzar aquella noche, mientras las olas se cubrían de brumas y laciudad encendía sus luces; él, en la piedra que le servía de asiento, después de apagar su negrapipa y de colocársela en la oreja y de estirar y cruzar sus piernas flacas y musculosas, cubiertas
por los sucios pantalones arremangados hasta el tobillo.

* **
El muchacho era muy honrado y muy de trabajo. Se quiso ponerlo a la escuela desde grandecito; ¡pero los miserables no deben aprender a leer cuando se llora de hambre en el cuartucho!
El tío Lucas era casado, tenía muchos hijos.
Su mujer llevaba la maldición del vientre de las pobres: la fecundidad. Había, pues, mucha boca abierta que pedía pan, mucho chico sucio que se revolcaba en la basura, mucho cuerpo magro que temblaba de frío; era preciso ir a llevar qué comer, a buscar harapos, y para eso, quedar sin alientos y trabajar como un buey. Cuando el hijo creció, ayudó al padre. Un vecino, el herrero, quiso enseñarle su industria; pero como entonces era tan débil, casi una armazón de huesos, y en el fuelle tenía que echar el bofe, se puso enfermo, y volvió al conventillo. ¡Ah, estuvo muy enfermo! Pero no murió. ¡No murió! Y eso que vivían en uno de esos hacinamientos humanos, entre cuatro paredes destartaladas, viejas, feas, en la callejuela inmunda de las mujeres perdidas, hedionda a todas horas, alumbrada de noche por escasos faroles, y donde resuenan en perpetua llamada a las zambras de echacorvería, las arpas y los acordeones, y el ruido de los marineros que llegan al burdel, desesperados con la castidad de las largas travesías, a emborracharse como cubas y a gritar y patalear como condenados. ¡Sí! entre la podredumbre, al estrépito de las fiestas tunantescas, el chico vivió, y pronto estuvo sano y en pie.
Luego, llegaron después sus quince años.

* **
El tío Lucas había logrado, tras mil privaciones, comprar una canoa. Se hizo pescador.
Al venir el alba, iba con su mocetón al agua, llevando los enseres de la pesca. El uno remaba, el otro ponía en los anzuelos la carnada. Volvían a la costa con buena esperanza de vender lo hallado, entre la brisa fría y las opacidades de la neblina, cantando en baja voz alguna triste, y enhiesto el remo triunfante que chorreaba espuma.
Si había buena venta, otra salida por la tarde.
Una de invierno había temporal. Padre e hijo, en la pequeña embarcación, sufrían en el mar la locura de la ola y del viento. Difícil era llegar a tierra. Pesca y todo se fue al agua, y se pensó en librar el pellejo. Luchaban como desesperados por ganar la playa. Cerca de ella estaban; pero una racha maldita les empujó contra una roca, y la canoa se hizo astillas. Ellos salieron sólo magullados, gracias a Dios! como decía el tío Lucas al narrarlo. Después, ya son ambos lancheros.
* **
¡Sí! lancheros; sobre las grandes embarcaciones chatas y negras; colgándose de la cadena que rechina pendiente como una sierpe de hierro del macizo pescante que semeja una horca; remando de pie y a compás; yendo con la lancha del muelle al vapor y del vapor al muelle; gritando: ¡hiiooeep! cuando se empujaban los pesados bultos para engancharlos en la uña potente que los levanta balanceándolos como un péndulo, ¡sí! lancheros; el viejo y el muchacho, el padre y el hijo; ambos a horcajadas sobre un cajón, ambos forcejeando, ambos ganando su
jornal, para ellos y para sus queridas sanguijuelas del conventillo.
Íbanse todos los días al trabajo, vestidos de viejo, fajadas las cinturas con sendas bandas coloradas, y haciendo sonar a una sus zapatos groseros y pesados que se quitaban, al comenzar la tarea, tirándolos en un rincón de la lancha. Empezaba el trajín, el cargar y el descargar. El padre era cuidadoso: -¡Muchacho, que te rompes la cabeza! ¡Que te coge la mano el chicote! Que vas a perder una canilla! -Y enseñaba, adiestraba, dirigía al hijo, con su modo, con sus bruscas palabras de roto viejo y de padre encariñado.

* **
Hasta que un día el tío Lucas no pudo moverse de la cama, porque el reumatismo le hinchaba las coyunturas y le taladraba los huesos.
¡Oh! Y había que comprar medicinas y alimentos: eso sí.
-Hijo, al trabajo, a buscar plata; hoy es sábado.
Y se fue el hijo, solo, casi corriendo, sin desayunarse, a la faena diaria.
Era un bello día de luz clara, de sol de oro. En el muelle rodaban los carros sobre sus rieles, crujían las poleas, chocaban las cadenas. Era la gran confusión del trabajo que da vértigo, el son del hierro; traqueteos por doquiera, y el viento pasando por el bosque de árboles y jarcias de los navíos en grupo.
Debajo de uno de los pescantes del muelle estaba el hijo del tío Lucas con otros lancheros, descargando a toda prisa. Había que vaciar la lancha repleta de fardos. De tiempo en tiempo bajaba la larga cadena que remata en un garfio, sonando como una matraca al correr con la roldana; los mozos amarraban los bultos con una cuerda doblada en dos, los enganchaban en el garfio, y entonces éstos subían a la manera de un pez en un anzuelo, o del plomo de una sonda, ya quietos, ya agitándose de un lado a otro, como un badajo, en el vacío.
La carga estaba amontonada. La ola movía pausadamente de cuando en cuando la embarcación colmada de fardos. Éstos formaban una a modo de pirámide en el centro. Había uno muy pesado, muy pesado. Era el más grande de todos, ancho, gordo y oloroso a brea. Venía en el fondo de la lancha. Un hombre de pie sobre él, era pequeña figura para el grueso zócalo.
Era algo como todos los prosaísmos de la importación envueltos en lona y fajados con correas de hierro. Sobre sus costados, en medio de líneas y de triángulos negros, había letras que miraban como ojos. -Letras «en diamante» -decía el tío Lucas. Sus cintas de hierro estaban apretadas con clavos cabezudos y ásperos; y en las entrañas tendría el monstruo, cuando menos, linones y percales.

* **
Sólo él faltaba.
-¡Se va el bruto! -dijo uno de los lancheros.
-¡El barrigón! -agregó otro.
Y el hijo del tío Lucas, que estaba ansioso de acabar pronto, se alistaba para ir a cobrar y a desayunarse, anudándose un pañuelo de cuadros al pescuezo.
Bajo la cadena danzando en el aire. Se amarró un gran lazo al fardo, se probó si estaba bien seguro, y se gritó: ¡Iza! Mientas la cadena tiraba de la masa chirriando y levantándola en vilo.
Los lancheros, de pie, miraban subir el enorme peso, y se preparaban para ir a tierra, cuando se vio una cosa horrible. El fardo, el grueso fardo, se zafó del lazo como de un collar holgado saca un perro la cabeza; y cayó sobre el hijo del tío Lucas, que entre el filo de la lancha y el gran bulto, quedó con los riñones rotos, el espinazo desencajado y echando sangre negra por la boca.
Aquel día, no hubo pan ni medicinas en casa del tío Lucas, sino el muchacho destrozado al que se abrazaba llorando el reumático, entre la gritería de la mujer y de los chicos, cuando llevaban el cadáver a Playa-Ancha.

* **
Me despedí del viejo lanchero, y a pasos elásticos dejé el muelle, tomando el camino de la casa, y haciendo filosofía con toda la cachaza de una puerta, en tanto que una brisa glacial que venía del mar afuera pellizcaba tenazmente las narices y las orejas.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Entierro de pobre


Entierro de pobre, ya sabes, amigo.
no quiero que vengan los otros conmigo.

Los otros, aquellos del otro camino,
los que me dijeron: es agua tu vino.

Los que sacudieron mi rama florida.
para tejer burlas, en charla subida.

Entierro de pobre, ya sabes amigo,
sin flores horribles de trapo, contigo

y mis cuatro hermanos bellos, silenciosos,
sin una etiqueta, sin esos curiosos,

sin los obligados que dicen: debía
venir al entierro y en charla vacía,

prosiguen narrando su precioso cuento.
Entierro de pobre. Mi acompañamiento

será de unos pocos. La misa temprano,
de aquel padre Valle, canto gregoriano,

en iglesia pobre y un solo cantor,
misa verdadera de Nuestro Señor.

También te pido, me libres, hermano,
del insulto magno, al diario profano

que diario blasfema, dile, que no es cierto,
que quién le ha contado que me hubiese muerto

que estoy bueno y sano y así no dirán
sus majaderías de parrampamplán:

noble, generoso, digno, caballero,
ciudadano probo, patriota sincero

de firme carácter, hombre superior…
y otros disparates del mismo color

Acuérdate hermano de todos aquellos
versos de mis libros, silenciosos, bellos,

Del “Agua encantada”, de estos mis “Caminos”
que son el consuelo de los peregrinos,

de “Espumas y estrellas”, del “Libro Menor”
que a todos encanta con su buen olor.

Entierro de pobre, ya sabes, amigo,
No quiero que vengan los otros conmigo.

Azarías H. Pallais
Poeta y sacerdote nicaragüense, 1885-1954.

El hambre también llega a la universidad

Doraldina Zeledón Úbeda

Cuando se es joven, muchas veces todo nos parece color de rosa; y las dificultades las hacemos chistes; pero hay casos que golpean. “¿Saben lo que significa no tener que comer al mediodía y seguir en clases hasta las 5 p.m. en la universidad?” escribió un estudiante en un artículo. Y es que, aunque no paguen aranceles, tengan beca y estén en un internado, los estudiantes pobres tienen muchas dificultades. El gasto no es sólo en la matrícula, sino en comida, libros, folletos, Internet, impresiones, transporte; sobre todo si son de los departamentos. Ingresar a la universidad es un privilegio, y egresar cuesta desvelos y privaciones. Lo que pasa es que a veces, ya graduados, nos olvidamos de los apuros que pasamos.

Una vez llegué corriendo al aula. Había comido rápido porque el almuerzo estuvo tarde. Era la una en punto, hora que iniciaba la clase. Iba sofocada. ¡Ay!, dije, este horario es fatal, vengo con la comida en la boca. “Usted se siente incómoda porque comió rápido, y nosotros porque no hemos almorzado”, me dijo una estudiante. ¿Por qué? le pregunté, para que me contaran algo. Entonces supe que muchos aguantaban hambre porque no tenían dinero, y no podían ir a su casa, pues en una hora de receso no les daba para ir y regresar. Las clases se impartían mañana y tarde. Otros, de todos modos, no tenían comida en su posada, eran de las regiones y en cualquier parte tenían que comprarla; pero, me decían, en el cafetín era muy caro. Y para remate, a veces los comedores están cerca de las aulas, y el olor a comida los tortura más, como también han dicho. Les propuse que discutieran el problema. Hablaron, se organizaron y buscaron algunas soluciones, que no sé hasta cuándo duraron. Sí recuerdo que, quienes tenían más posibilidades, se solidarizaron.

Otro día, en los pasillos, conversando con el grupo, entre bromas y verdades, un joven me dijo: “¿usted cree que soy flaco porque soy deportista?” Después, a solas, una de las muchachas me comentó: “profesora, no es broma lo que dice el flaco. A veces ni siquiera va a su pueblo porque no tiene para el pasaje”. Luego me contaron, entre risas, que en ocasiones, durante el receso iban a comer mangos del solar vecino.

En otro tiempo, y en otra universidad, conocí a dos jóvenes que viajaban diario, y bastante retirado de Managua, porque les salía más barato que alquilar un cuarto y comprar comida. El problema era cuando tenían que hacer trabajo en grupo. Y a los docentes esto se nos olvida.

Hay quienes creen que los estudiantes se dan la gran vida y que cuando pelean por el presupuesto es porque son unos vagos. No estoy de acuerdo con los morterazos ni con la quema de llantas cuando reclaman sus derechos, pero sí estoy segura de que luchan porque saben que de otra forma no podrían estudiar.

Entonces, ante estos problemas, deberían hacer lo que hicieron aquellos jóvenes: alianzas con los cafetines, con industrias alimenticias, con supermercados. O con los negocios vecinos, pues, al fin, sus clientes son los estudiantes. Ver si a lo interno de las universidades se puede resolver el problema, quizás sacar un poco de presupuesto de aquí y otro de allá. He visto también que el movimiento estudiantil facilita alimentación. A lo mejor pueden resolver otros casos, no sólo lo que tienen planificados. Pero para eso hay que exponer el problema, unirse e incidir, no basta una sola voz ni basta una sola vez. Se le tiene que buscar solución entre los mismos compañeros, pues muy difícilmente llegará alguien a ofrecerles ayuda así por así

Y también hay que buscarle solución conjunta, entre todos los sectores, así como se pelea por el 6% del presupuesto nacional; pues no es uno el que aguanta hambre, lo que sucede es que da vergüenza decirlo, pero a quienes debe darles vergüenza el sufrimiento de los pobres es a los que comen de más, para después buscar medicina que les quite el malestar y continuar comiendo, como lo dice un “gracioso” anuncio publicitario.

El estudiante pobre es pobre en la vida y en la muerte, como le pasó a Roberto González, víctima del sistema por exigir más presupuesto para estudiar. Recuerdo la fosa: era un hoyo de purita tierra, no hubo cemento para una repelladita, “Entierro de pobre, ya sabes, amigo”, como dice el poema de Azarías H. Pallais. Por eso, cuando la multitud quería darle el último adiós, sentíamos que el terreno se desmoronaba. Y si los estudiantes no afianzan sus terroncitos con la solidaridad, se pueden desmoronar sus ilusiones. Esto no lo deben permitir ni ellos ni el Estado ni la sociedad. Y mucho menos la propia universidad que tiene asegurado su presupuesto con los impuestos.

Ojalá que éstas sean sólo historias y que la vida del estudiante pobre ya no sea tan difícil, ahora y después.

2008.

***************

Anagkh

Rubén Darío

Y dijo la paloma:
-Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo,
en el árbol en flor, junto a la poma
llena de miel, junto al retoño suave
y húmedo por las gotas del rocío,
tengo mi hogar. Y vuelo
con mis anhelos de ave,
del amado árbol mío
hasta el bosque lejano,
cuando, al himno jocundo
del despertar de Oriente,
sale el alba desnuda, y muestra al mundo
el pudor de la luz sobre su frente.
Mi ala es blanca y sedosa.
La luz la dora y baña,
y céfiro la peina.
Son mis pies como pétalos de rosa.
Yo soy la dulce reina
que arrulla a su palomo en la montaña.
En el fondo del bosque pintoresco
está el alerce en que formé mi nido:
y tengo allí, bajo el follaje fresco
un polluelo sin par, recién nacido.
Soy la promesa alada,
el juramento vivo;
soy quien lleva el recuerdo de la amada
para el enamorado pensativo.
Yo soy la mensagera
de los tristes y ardientes soñadores,
que va a revolotear diciendo amores
junto a una perfumada cabellera.
Soy el lirio del viento.
Bajo el azul del hondo firmamento
muestro de mi tesoro bello y rico,
las preseas y galas:
el arrullo en el pico,
la caricia en las alas.
Yo despierto a los pájaros parleros
y entonan sus melódicos cantares;
me poso en los floridos limoneros
y derramo una lluvia de azahares.
Yo soy toda inocente, toda pura.
Yo me esponjo en las ansias del deseo,
y me extremezco en la íntima ternura
de un roce, de un rumor, de un aleteo.
¡Oh inmenso azul! Yo te amo. Porque a Flora
das la lluvia y el sol siempre encendido;
porque siendo el palacio de la aurora
también eres el techo de mi nido.
¡Oh inmenso azul! Yo adoro
tus celajes risueños,
y esa niebla sutil de polvo de oro
donde van los perfumes y los sueños.
Amo los velos tenues, vagorosos,
de las flotantes brumas,
donde tiendo a los aires cariñosos
el sedeño abanico de mis plumas.
¡Soy feliz! Porque es mía la floresta,
donde el misterio de los nidos se halla;
porque el alba es mi fiesta
y el amor mi ejercicio y mi batalla.
Feliz, porque de dulces ansias llena
calentar mis polluelos es mi orgullo;
porque en las selvas vírgenes resuena
la música celeste de mi arrullo.
Porque no hay una rosa que no me ame
ni pájaro gentil que no me escuche,
ni garrido cantor que no me llame.

-¿Si? Dijo entonces un gavilán infame.
Y con furor se la metió en la buche.
Entonces el buen Dios allá en su trono,
-mientras Satán, para distraer su encono
aplaudía aquel pájaro zahareño,-
se puso a meditar.
Arrugó el ceño,
y pensó al contemplar sus vastos planes
y al recorrer sus puntos y sus comas,
que cuando creó palomas
no debía haber creado gavilanes.

domingo, 15 de junio de 2008

Compartiendo los residuos

Compartiendo los residuos

Doraldina Zeledón Úbeda
El Nuevo Diario. Managua, Nicaragua - Jueves 07 de Febrero de 2008 -

Cierta mañana, mientras caminada por las calles del barrio, presencié algo que ha dado vueltas en mi cabeza, pero no se sale; y cada día, cuando observo el contraste entre pobreza y riqueza me deja pensativa. Esa mañana, cuando me detenía en una esquina, antes de cruzar la calle, de repente miré, en la esquina siguiente, un perro que comía algo, y a un hombre que caminaba. Luego, como un relámpago, el hombre se agachó y le quitó una bolsa al perro. El animal siguió comiendo lo que había sacado de ella, y se quedó viendo a su compañero de infortunio, que ahora también comía y miraba hacia todos lados; seguramente viendo si lo veían.

Yo me quedé inmóvil. Como pensando que no era conveniente continuar mi marcha. Crucé a la otra acera. De reojo vi al hombre. No era harapiento, no andaba sucio ni roto, se miraba limpio y hasta podría decirse bien vestido, de anteojos y con gorra. El perro seguía con el cuello estirado esperando que el hombre le diera algo de lo que él encontró primero. Pero no hizo la guerra por eso. Quizás pensó que más adelante hallaría otra bolsa con comida, al fin, él tenía más experiencia.

Seguí mi camino y pensé: pasará por mi casa, le puedo dar de comer. ¿Y si le da vergüenza porque lo miré quitarle la comida al perro? Además, con esto no resuelvo nada. Volví la mirada hacia atrás y el hombre no seguía su camino, sino que se regresó. Llegué a mi casa. Las lágrimas contenidas salieron sin censura. Bueno, soy llorona. Pero es que la impotencia también hace llorar.

Y comencé a reflexionar sobre esta situación por la que pasa tanta gente. Pensé que talvez no era tan pobre; sino que venía de algún lugar retirado y le agarró el hambre, y no andaba dinero para comprar ni quería pedir. Pero el hambre de un momento se puede aguantar. Y si fuera un pobre que siempre tiene hambre y que está acostumbrado a buscar entre los residuos, se habría detenido, pues en las aceras las bolsas con basura esperaban el camión recolector. ¿Será un desempleado que está ingresando a mayor pobreza? Y vinieron a mi mente situaciones que había visto o escuchado: desempleados que salen a buscar la vida, familias que han quedado sin nada, pero que aún tienen vestido, porque la ropa dura más que la comida. Podría ser una persona acostumbrada a andar limpia y que le daba vergüenza que lo vieran romper bolsas.

Alguien dirá que esto no es extraño, pues son muchas personas las que rebuscan en la basura algo para comer. Y sí, pero eso no justifica la indiferencia. Y por su actitud no parecía tan pobre. No es que los que están acostumbrados, no les dé vergüenza, sino que éste posiblemente se iniciaba en el trajín.Si los altos funcionarios y los ricos anduvieran a pie, podrían ver esto y a lo mejor les daría vergüenza. O un poco de remordimiento. Porque duele y molesta ver que durante una reunión sobran caramelos, frutas, galletas y demás golosinas. Como si los golosos funcionarios no pudieran pensar sin mover las mandíbulas. O ver que están bien abrigados, porque el aire acondicionado está al máximo, gastando energía innecesariamente. O utilizando los vehículos y el presupuesto del Estado en diligencias personales. Es triste, choca y molesta.

El hambre no es por falta de producción sino por la forma de distribución, por el derroche, por el sistema consumista. Pero siempre se dice que a pesar de todo, la economía del país crece. ¿Qué importancia tiene que crezca la economía si la pobreza aumenta? El crecimiento económico es hueco, como un estómago vacío que crece debido a la desnutrición y los parásitos, por falta de sustento y saneamiento.¿Y de qué sirve que haya más producción, si el hambre es igual o peor? La causa es la injusticia, los bajos salarios. Y muchas veces los nuevos empleos en las empresas e instituciones se van quedando entre los mismos, entonces una persona tiene varios cargos, que por supuesto no desempeña. Otras veces las oportunidades son para los familiares o amigos. Es muy difícil que un desempleado extraño sea contratado, aunque pase llegando todos los días a ver qué le resuelven, hasta que se cansa o se le acaba el dinero para el pasaje. O se le gastan los zapatos. Y los gremios parecen hipnotizados.

Redistribuyendo el presupuesto, los empleos y los recursos; ahorrando y cambiando la cultura de consumo, tanto a nivel macro como en cada institución, se podría mitigar el hambre, compartiendo, no residuos, sino el dinero y la riqueza del país.

http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2008/02/07/opinion/69623


La Canción del Oro

Rubén Darío

Aquel día, un harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizás un poeta, llegó, bajo la sombra de los altos álamos, a la gran calle de los palacios, donde hai desafíos de soberbia entre el ónix y el pórfido, el ágata y el mármol; en donde las altas columnas, los hermosos frisos, las cúpulas doradas, reciben la caricia pálida del sol moribundo.

Había tras los vidrios de las ventanas, en los vastos edificios de la riqueza, rostros de mujeres gallardas y de niños encantadores. Tras las rejas se adivinaban estensos jardines, grandes verdores salpicados de rosas y ramas que se balanceaban acompasada y blandamente como bajo la ley de un ritmo. Y allá en los grandes salones, debía de estar el tapiz purpurado y lleno de oro, la blanca estatua, el bronce chino, el tibor cubierto de campos azules y de arrozales tupidos, la gran cortina recogida como una falda, ornada de flores opulentas, donde el ocre oriental hace vibrar la luz en la seda que resplandece. Luego las lunas venecianas, los palisandros y los cedros, los nácares y los ébanos, y el piano negro y abierto, que ríe mostrando sus teclas como una linda dentadura; y las arañas cristalinas, donde alzan las velas profusas la aristocracia de su blanca cera. ¡ Oh, y más allá! Más allá el cuadro valioso dorado por el tiempo, el retrato que firma Durand o Bonnat, y las preciosas acuarelas en que el tono rosado parece que emerge de un cielo puro y envuelve en una onda dulce desde el lejano horizonte hasta la yerba trémula y humilde. Y más allá...

* *

(Muere la tarde.
Llega a las puertas del palacio un break flamante y charolado, negro y rojo. Baja una pareja y entra con tal soberbia en la mansión, que el mendigo piensa: decididamente: el aguilucho y su hembra van al nido. El tronco, ruidoso y azogado, a un golpe de fusta arrastra el carruaje haciendo relampaguear las piedras. Noche.)

* *

Entonces, en aquel cerebro de loco, que ocultaba un sombrero raído, brotó como el germen de una idea que pasó al pecho y fue opresi ón y llegó a la boca hecho himno que le encendía la lengua y hacía entrechocar los dientes. Fue la visi ón de todos los mendigos, de todos los desamparados, de todos los miserables, de todos los suicidas, de todos los borrachos, del harapo y de la llaga, de todos los que viven, ¡Dios mío! en perpetua noche, tanteando la sombra, cayendo al abismo, por no tener un mendrugo para llenar el estómago. Y después la turba feliz,
el lecho blando, la trufa y el áureo vino que hierve, el raso y el moiré que con su roce r íen; el novio rubio y la novia morena cubierta de pedrería y blonda; y el gran reloj que la suerte tiene para medir la vida de los felices opulentos, que en vez de granos de arena, deja caer escudos de oro.
Aquella especie de poeta sonrió: pero su faz tenía aire dantesco. Sacó de su bolsillo un pan moreno, comió, y dio al viento su himno. Nada más cruel que aquel canto tras el mordisco.

¡Cantemos el oro!
Cantemos el oro, rey del mundo, que lleva dicha y luz por donde va, como los fragmentos de un sol despedazado.
Cantemos el oro, que nace del vientre fecundo de la madre tierra; inmenso tesoro, leche rubia de esa ubre gigantesca.
Cantemos el oro, río caudaloso, fuente de la vida, que hace jóvenes y bellos a los que se bañan en sus corrientes maravillosas, y envejece a aquellos que no gozan de sus raudales.
Cantemos el oro, porque de él se hacen las tiaras de los pontífices, las coronas de los reyes y los cetros imperiales; y porque se derrama por los mantos como un fuego sólido, e inunda las capas de los arzobispos, y refulge en los altares y sostiene al Dios eterno en las custodias radiantes.
Cantemos el oro, porque podemos ser unos perdidos, y él nos pone mamparas para cubrir las locuras abyectas de la taberna, y las vergüenzas de las alcobas adúlteras.
Cantemos el oro, porque al saltar del cuño lleva en su disco el perfil soberbio de los césares; y va a repletar las cajas de sus vastos templos, los bancos, y mueve las máquinas y da la vida y hace engordar los tocinos privilejiados.
Cantemos el oro, porque él da los palacios y los carruajes, los vestidos a la moda, y los frescos senos de las mujeres garridas; y las genuflexiones de espinazos aduladores y las muecas de los labios eternamente sonrientes.
Cantemos el oro, padre del pan.
Cantemos el oro, porque es en las orejas de las lindas damas, sostenedor del rocío del diamante, al estremo de tan sonrosado y bello caracol; porque en los pechos siente el latido de los corazones, y en las manos a veces es símbolo de amor y de santa promesa.
Cantemos el oro, porque tapa las bocas que nos insultan; detiene las manos que nos amenazan, y pone vendas a los pillos que nos sirven.
Cantemos el oro, porque su voz es una música encantada; porque es heroico y luce en las corazas de los héroes homéricos, y en las sandalias de las diosas y en los coturnos trágicos y en las manzanas del jardín de las Hespérides.
Cantemos el oro, porque de él son las cuerdas de las grandes liras, la cabellera de las más tiernas amadas, los granos de la espiga y el peplo que al levantarse viste la olímpica aurora.
Cantemos el oro, premio y gloria del trabajador y pasto del bandido.
Cantemos el oro, que cruza por el carnaval del mundo, disfrazado de papel, de plata, de cobre y hasta de plomo.
Cantemos el oro, amarillo como la muerte.
Cantemos el oro, calificado de vil por los hambrientos; hermano del carbón, oro negro que incuba el diamante; rey de la mina, donde el hombre lucha y la roca se desgarra; poderoso en el poniente, donde se tiñe en sangre; carne de ídolo, tela de que Fidias hace el trage de Minerva.
Cantemos el oro, en el arnés del caballo, en el carro de guerra, en el puño de la espada, en el lauro que ciñe cabezas luminosas, en la copa del festín dionisíaco, en el alfiler que hiere el seno de la esclava, en el rayo del astro y en el champaña que burbujea, como una disolución de topacios hirvientes.
Cantemos el oro, porque nos hace gentiles, educados y pulcros.
Cantemos el oro, porque es la piedra de toque de toda amistad.
Cantemos el oro, purificado por el fuego, como el hombre por el sufrimiento; mordido por la lima, como el hombre por la envidia; golpeado por el martillo, como el hombre por la necesidad; realzado por el estuche de seda, como el hombre por el palacio de mármol.
Cantemos el oro, esclavo, despreciado por Gerónimo, arrojado por Antonio, vilipendiado por Macario, humillado por Hilarión, maldecido por Pablo el Hermitaño, quien tenía por alcázar una cueva bronca y por amigos las estrellas de la noche, los pájaros del alba y las fieras hirsutas y salvages del yermo.
Cantemos el oro, dios becerro, tuétano de roca, misterioso y callado en su entraña, y bullicioso cuando brota a pleno sol y a toda vida, sonante como un coro de tímpanos; feto de astros, residuo de luz, encarnación de éter.
Cantemos el oro, hecho sol, enamorado de la noche, cuya camisa de crespón riega de estrellas brillantes, después del último beso, como una gran muchedumbre de libras esterlinas. ¡Eh, miserables, beodos, pobres de solemnidad, prostitutas, mendigos, vagos, rateros, bandidos, pordioseros, peregrinos, y vosotros los desterrados, y vosotros los holgazanes, y sobre todo, vosotros, oh poetas!
Un ámonos a los felices, a los poderoso, a los banqueros, a los semi-dioses de la tierra!
¡Cantemos el oro!

*

Y el eco se llevó aquel himno, mezcla de gemido, ditirambo y carcajada; y como ya la noche oscura y fría había entrado, el eco resonaba en las tinieblas.

Pasó una vieja y pidió limosna.

Y aquella especie de harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizás un poeta, le dio su último mendrugo de pan petrificado, y se marchó por la terrible sombra, rezongando entre dientes.

Erradicación del hambre: sólo en las Cumbres

Erradicación del hambre: sólo en las Cumbres
Doraldina Zeledón Úbeda
El Nuevo Diaro: Managua, Nicaragua, 2008/06/12/.


Durante la Cumbre Mundial sobre Alimentación (CMA), realizada en Roma en noviembre de 1996, los mandatarios del mundo se comprometieron a “conseguir la seguridad alimentaria para todos y a realizar un esfuerzo constante para erradicar el hambre de todos los países, con el objetivo inmediato de reducir el número de personas desnutridas a la mitad de su nivel actual no más tarde del año 2015”. (Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, 1996. FAO – Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación).

En la Cumbre, los representantes expresaron: “Consideramos intolerable que más de 800 millones de personas de todo el mundo, y en particular de los países en desarrollo, no dispongan de alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales básicas. Esta situación es inaceptable. Los suministros de alimentos han aumentado considerablemente, pero los factores que obstaculizan el acceso a ellos y la continua insuficiencia de los ingresos familiares y nacionales para comprarlos, así como la inestabilidad de la oferta y la demanda y las catástrofes naturales y de origen humano, impiden satisfacer las necesidades alimentarias básicas. Los problemas del hambre y la inseguridad alimentaria tienen dimensiones mundiales, y es probable que persistan e incluso se agraven dramáticamente en algunas regiones si no se adopta con urgencia una acción decidida y concertada, dado el incremento de la población mundial previsto y la tensión a que están sometidos los recursos naturales”.

Lo anterior significa que hay alimentos, pero no el acceso a ellos. El problema no es de producción sino de distribución. Y lo vienen analizando desde el 1996.

Diez años después, en el Informe de 2006, que analiza los avances de la Cumbre, reconocen que “el número de personas subnutridas en el mundo sigue siendo alto. En 2001-03, según estimaciones de la FAO, había todavía 854 millones de personas subnutridas a escala mundial: 820 millones en los países en desarrollo, 25 millones en los países en transición y 9 millones en los países industrializados”. (El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2006, FAO). En el mismo documento se reconoce que “Prácticamente no se ha avanzado en la consecución del objetivo de la CMA de reducir a la mitad el número de personas subnutridas para 2015”, y se hacen nuevas recomendaciones para erradicar el hambre.

Están claros de los retrocesos, pero creen que los compromisos se van a cumplir. A pesar de que “Diez años más tarde, nos encontramos con la triste realidad de que prácticamente no se ha conseguido avance alguno hacia ese objetivo”, como dice el prólogo del Informe.

En la Cumbre del Milenio, celebrada en el 2000, los gobernantes del mundo aprobaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio. De los ocho objetivos, el primero es reducir el número de pobres a la mitad, al 2015.

En el 2008, la FAO ha pedido más apoyo a los donantes. El hambre está aumentando, debido al alto precio de los alimentos, ocasionado por el alza en la gasolina, la utilización de alimentos para producir biocombustibles y los estragos del cambio climático. Según la FAO, como consecuencia del calentamiento de la Tierra, el número de personas con hambre en el mundo será mayor. Es decir, en vez de reducirse la pobreza, aumentará. Pero no es sólo por el cambio climático, también por la injusticia social.

En el 2008, los mandatarios se vuelven a reunir en Roma, y se vuelven a comprometer para erradicar la pobreza. Compromisos sobre compromisos y el hambre aumenta. "Reafirmamos la validez de las conclusiones de la cumbre de 1996 de conseguir la seguridad alimentaria con los esfuerzos actuales para erradicar el hambre en todos los países, con vistas a una reducción a la mitad el número de personas desnutridas hacia el año 2015" (Declaración de Roma 2008, en nota de la FAO).
A las cumbres mundiales hay que sumar las regionales y subregionales y las bilaterales. ¡Cuánta plata en nombre del hambre! Si se disminuyera, serían creíbles, pero el hambre crece cada día. Bueno, pensemos que sin cumbres, sería peor.

Si reconocen que el problema no es de producción sino de distribución ¿por qué plantean como solución producir más? ¿Por qué no un compromiso para reducir el consumismo en todo sentido, inclusive en la misma producción? Y un comercio justo. ¿Por qué no “se adopta con urgencia una acción decidida y concertada” como lo mencionaron desde la Cumbre de 1996?

Mientras tanto, el cambio climático generado principalmente por los países ricos, sigue causando estragos en los países pobres. Los problemas se suman. Se desatiende el proyecto de erradicación del hambre. Y los compromisos se quedan en papeles que los vientos huracanados hacen añicos. O el aguacero los desintegra. Sólo quedan en el archivo de las Cumbres, mientras el precio de los alimentos también está en las cumbres. Así, el hambre se reduce porque muere bajo un plástico, la arrastran los aguaceros o la sepulta un aluvión.

Y yo me quedo con las interrogantes: ¿Cuánta contaminación causaron los viajes por avión? ¿Cuántos residuos? ¿Cuánto se consumió en alimentos, en seguridad, en energía, en trajes, en cobertura periodística, en cumbres previas? ¿Cuánto dinero se ha gastado en todas las cumbres? ¿Cuántas personas sienten las punzadas del hambre mientras se realiza una cumbre?


ttp://impreso.elnuevodiario.com.ni/2008/06/12/opinion/78357


El Rey Burgués
Rubén Darío

Cuento Alegre
¡Amigo! el cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento alegre... así como para distraer las brumosas y grises melancolías, helo aquí:
* *
Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras, caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos, y monteros con cuernos de bronce que llenaban el viento con sus fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey Burgués.
* *
Era muy aficionado a las artes el soberano, y favorecía con gran largueza a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores, escultores, boticarios, barberos y maestros de esgrima.
Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento, hacía improvisar a sus profesores de retórica, canciones alusivas; los criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un rey sol, en su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido de festín. Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza atronando el bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a las aves asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de las cavernas. Los perros de patas elásticas iban rompiendo la maleza en la carrera, y los cazadores inclinados sobre el pescuezo de los caballos, hacían ondear los mantos purpúreos y llevaban las caras encendidas y las cabelleras al viento.
*
El rey tenía un palacio soberbio donde había acumulado riquezas y objetos de arte maravillosos. Llegaba a él por entre grupos de lilas y extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos, antes que por los lacayos estirados. Buen gusto. Subía por una escalera llena de columnas de alabastro y de esmaragdina, que tenía a los lados leones de mármol como los de los tronos salomónicos. Refinamiento. A más de los cisnes, tenía una vasta pajarera, como amante de la armonía, del arrullo, del trino; y cerca de ella iba a ensanchar su espíritu, leyendo novelas de M. Ohnet, o bellos libros sobre cuestiones gramaticales, o críticas hermosillescas. Eso sí: defensor acérrimo de la corrección académica en letras, y del modo lamido en artes; ¡alma sublime amante de la lija y de la ortografía!
* **
¡Japonerías!¡Chinerías! por moda y nada más. Bien podía darse el placer de un salón digno del gusto de un Goncourt y de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas y las colas enroscadas, en grupos fantásticos y maravillosos; lacas de Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a las paredes; peces y gallos de colores; máscaras de gestos infernales y con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiquísimas y empuñaduras con dragones devorando flores de loto; y en conchas de huevo, túnicas de seda amarilla, como tejidas con hilos de araña, sembradas de garzas rojas y de verdes matas de arroz; y tibores, porcelanas de muchos siglos, de aquellas en que hay guerreros tártaros con una piel que les cubre hasta los riñones, y que llevan arcos estirados y manojos de flechas.
Por lo demás, había el salón griego, lleno de mármoles: diosas, musas, ninfas y sátiros; el salón de los tiempos galantes, con cuadros del gran Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, ¿cuántos salones?
Y Mecenas se paseaba por todos, con la cara inundada de cierta majestad, el vientre feliz y lacorona en la cabeza, como un rey de naipe.
* **
Un día le llevaron una rara especie de hombre ante su trono, donde se hallaba rodeado de cortesanos, de retóricos y de maestros de equitación y de baile.
-¿Qué es eso? preguntó.
-Señor, es un poeta.
El rey tenía cisnes en el estanque, canarios, gorriones, cenzontes en la pajarera: un poeta era algo nuevo y estraño. -Dejadle aquí.
Y el poeta: -Señor, no he comido.
Y el rey: -Habla y comerás.
Comenzó:
*
-Señor, ha tiempo que yo canto el verbo del porvenir. He tendido mis alas al huracán; he nacido en el tiempo de la aurora; busco la raza escogida que debe esperar con el himno en la boca y la lira en la mano, la salida del gran sol. He abandonado la inspiración de la ciudad malsana, la alcoba llena de perfumes, la musa de carne que llena el alma de pequeñez y el rostro de polvos de arroz. He roto el arpa adulona de las cuerdas débiles, contra las copas de Bohemia y las jarras donde espumea el vino que embriaga sin dar fortaleza; he arrojado el manto que me hacía parecer histrión, o mujer, y he vestido de modo salvaje y espléndido: mi harapo es de púrpura. He ido a la selva, donde he quedado vigoroso y ahíto de leche fecunda y licor de nueva vida; y en la ribera del mar áspero, sacudiendo la cabeza bajo la fuerte y negra tempestad, como un ángel soberbio, o como un semidiós olímpico, he ensayado el yambo dando al olvido el madrigal.
He acariciado a la gran naturaleza, y he buscado al calor del ideal, el verso que está en el astro en el fondo del cielo, y el que está en la perla en lo profundo del océano. ¡He querido ser pujante! Porque viene el tiempo de las grandes revoluciones, con un Mesías todo luz, todo agitación y potencia, y es preciso recibir su espíritu con el poema que sea arco triunfal, de estrofas de acero, de estrofas de oro, de estrofas de amor.
¡Señor, el arte no está en los fríos envoltorios de mármol, ni en los cuadros lamidos, ni en el excelente señor Ohnet! ¡Señor! el arte no viste pantalones, ni habla en burgués, ni pone los puntos en todas las íes. Él es augusto, tiene mantos de oro o de llamas, o anda desnudo, y amasa la greda con fiebre, y pinta con luz, y es opulento, y da golpes de ala como las águilas, o zarpazos como los leones. Señor, entre un Apolo y un ganso, preferid el Apolo, aunque el uno sea de tierra cocida y el otro de marfil.
¡Oh, la Poesía!
¡Y bien! Los ritmos se prostituyen, se cantan los lunares de la mujeres, y se fabrican jarabes poéticos. Además, señor, el zapatero critica mis endecasílabos, y el señor profesor de farmacia pone puntos y comas a mi inspiración. Señor, ¡y vos lo autorizáis todo esto!... El ideal, el ideal...
El rey interrumpió:
-Ya habéis oído. ¿Qué hacer?
Y un filósofo al uso:
-Si lo permitís, señor, puede ganarse la comida con una caja de música; podemos colocarle en el jardín, cerca de los cisnes, para cuando os paseéis.
-Sí, -dijo el rey,- y dirigiéndose al poeta: -Daréis vueltas a un manubrio. Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música que toca valses, cuadrillas y galopas, como no prefiráis moriros de hambre. Pieza de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas, ni de ideales. Id.
Y desde aquel día pudo verse a la orilla del estanque de los cisnes, al poeta hambriento que daba vueltas al manubrio: tiririrín, tiririrín... ¡avergonzado a las miradas del gran sol! ¿Pasaba el rey por las cercanías? ¡Tiririrín, tiririrín...! ¿Había que llenar el estómago? ¡Tiririrín! Todo entre las burlas de los pájaros libres, que llegaban a beber rocío en las lilas floridas; entre el zumbido
de las abejas, que le picaban el rostro y le llenaban los ojos de lágrimas, ¡tiririrín...! ¡lágrimas amargas que rodaban por sus mejillas y que caían a la tierra negra!
Y llegó el invierno, y el pobre sintió frío en el cuerpo y en el alma. Y su cerebro estaba como petrificado, y los grandes himnos estaban en el olvido, y el poeta de la montaña coronada de águilas, no era sino un pobre diablo que daba vueltas al manubrio, tiririrín.
Y cuando cayó la nieve se olvidaron de él, el rey y sus vasallos; a los pájaros se les abrigó, y a él se le dejó al aire glacial que le mordía las carnes y le azotaba el rostro, ¡tiririrín!
Y una noche en que caía de lo alto la lluvia blanca de plumillas cristalizadas, en el palacio había festín, y la luz de las arañas reía alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los mandarines de las viejas porcelanas. Y se aplaudían hasta la locura los brindis del señor profesor de retórica, cuajados de dáctilos, de anapestos y de pirriquios, mientras en las copas cristalinas hervía el champaña con su burbujeo luminoso y fugaz. ¡Noche de invierno, noche de fiesta! Y el infeliz cubierto de nieve, cerca del estanque, daba vueltas al manubrio para calentarse ¡tiririrín, tiririrín! tembloroso y aterido, insultado por el cierzo, bajo la blancura implacable y helada, en la noche sombría, haciendo resonar entre los árboles sin hojas la música loca de las galopas y cuadrillas; y se quedó muerto, tiririrín... pensando en que nacería el sol del día venidero, y con él el ideal, tiririrín..., y en que el arte no vestiría pantalones sino manto de llamas, o de oro... Hasta que al día siguiente, lo hallaron el rey y sus cortesanos, al pobre diablo de poeta, como gorrión que mata el hielo, con una sonrisa amarga en los labios, y todavía con la mano en el manubrio.
¡Oh, mi amigo! el cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Flotan brumosas y grises melancolías...
Pero ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo! ¡Hasta la vista!

Defender los derechos económicos, sociales y culturales

Defender los derechos económicos, sociales y culturales
Doraldina Zeledón Úbeda
El Nuevo Diario. Managua, Nicaargua - 20:56 - 02/06/2008


Cuando hablamos de los Derechos Humanos, en general nos referimos a la Declaración Universal, y a veces al Pacto de los Derechos Políticos y Civiles; pero hay una serie de convenios, acuerdos y pactos, como el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Pidesc), que son menos conocidos.

Algunos de los compromisos de los Estados que ratificaron el Pidesc son: alimentación, vestido y vivienda adecuados; mejorar continuamente las condiciones materiales del cuerpo docente; mejoramiento en todos sus aspectos de la higiene del trabajo y del medio ambiente; el derecho de los sindicatos a funcionar sin obstáculos; el derecho de toda persona a la seguridad social, incluso al seguro social; la conservación, desarrollo y difusión de la ciencia y la cultura; debe asegurarse a las mujeres condiciones de trabajo no inferiores a las de los hombres, con salario igual por trabajo igual; medidas especiales de protección y asistencia en favor de todos los niños y adolescentes, etc. Recordemos que éstos son compromisos de todo el Estado, no de un gobierno.

Y, a propósito del hambre crónica y la nueva, los Estados, “reconociendo el derecho fundamental de toda persona a estar protegida contra el hambre, adoptarán, individualmente y mediante la cooperación internacional, las medidas, incluidos los programas concretos, que se necesitan para: a) Mejorar los métodos de producción, conservación y distribución de alimentos mediante la plena utilización de los conocimientos técnicos y científicos, la divulgación de principios sobre nutrición y el perfeccionamiento o la reforma de los regímenes agrarios, de modo que se logren la explotación y la utilización más eficaces de las riquezas naturales.” (Art. 11 inciso 2-a ).

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, fue aprobado y abierto a ratificación el 16 de diciembre de 1966. Entró en vigencia el 3 de enero de 1976. La vigilancia de la aplicación del Pacto está a cargo del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Al ratificarlo, en cada Estado pasa a ser norma jurídica del Derecho Interno, como lo estipula el artículo 46 de la Constitución, en el caso de Nicaragua.

Sin embargo, además de ser un tanto desconocidos, en la actualidad los ciudadanos o grupos que consideran que estos derechos no les son reconocidos, no pueden presentar denuncias ante el organismo internacional debido a la falta de un procedimiento, pues para que los derechos contenidos en los pactos internacionales sean de real beneficio a las personas, se necesita de un mecanismo para denunciar al Estado que no cumple con lo que se comprometió en dicho Pacto. Es por ello que se establece un protocolo facultativo o de queja, que da las pautas para que el agraviado eleve directamente su comunicación ante el órgano internacional por la supuesta violación de sus derechos. Para que esto sea válido, el Estado deberá haber ratificado el Pacto y su respectivo protocolo facultativo, conocido también como procedimiento de comunicaciones.Felizmente ya se cuenta con un protocolo.

En abril de 2008 el Grupo de Trabajo por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aprobó el Proyecto de Protocolo Facultativo para hacer valer esos derechos; por lo que este nuevo instrumento de queja es una herramienta más para su defensa.Un protocolo facultativo también permite que un comité internacional escuche las quejas de un Estado contra otro Estado. Este mecanismo se conoce como “procedimiento inter-estatal”. También permite a un comité internacional llevar a cabo investigaciones ante supuestas violaciones graves o sistemáticas de los derechos económicos, sociales y culturales, de parte de un Estado.

Aún falta la aprobación del Protocolo Facultativo del Pidesc por parte del Consejo de Derechos Humanos y la Asamblea General de la ONU. Después debe ser ratificado por los Estados Partes. Es decir, todavía falta tiempo para su aplicación; pero es bueno ir profundizando en el conocimiento de estos derechos. Y hay que recordar que para recurrir de queja ante un organismo internacional, se tienen que haber agotado los procedimientos del Derecho interno, por lo que también el Protocolo incidirá en que se le preste mayor atención a los derechos económicos, sociales y culturales, desde las instituciones y tribunales nacionales.

Posiblemente se piense que esto es muy difícil, que de nada sirven tantas leyes y derechos, pues con costo recurrimos a la justicia local o a los órganos nacionales de justicia. Ciertamente es difícil debido a la desconfianza y a la falta de recursos económicos, pero se puede recurrir con apoyo de una organización.

http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/17423

domingo, 8 de junio de 2008

Francisco de Asís y el lobo de Gubbio

Doraldina Zeledón Úbeda

El Nuevo Diario. Managua, Nicaragua - Viernes 05 de Octubre de 2007 -

Supe de San Francisco de Asís por mi formación católica. Sabía de su amor por los pobres y su oración de la paz. Luego, con “Los motivos del lobo”, de Rubén Darío, aprendí que llamaba hermanos a los animales. Para entender este poema busqué el significado del “lobo de Gubbio” y me encontré con la leyenda del santo de Asís y del lobo del pueblo de Gubbio.Descubrí, en el libro “El Gemido de la Creación”, de Giacomo Panteghini, que el amor de San Francisco no era sólo por los pobres y por los animales, sino también por los seres inanimados: “Camina reverentemente sobre las piedras, por devoción a Cristo que es llamado “la piedra”. “A los hermanos que cortan la leña les prohíbe arrancar las raíces a fin de que el árbol pueda echar nuevos brotes. Quiere que al lado de la huerta haya también un jardín donde las flores canten la belleza del Señor”.Sus prédicas y práctica de armonía no eran sólo entre los humanos, también por la paz y armonía con la naturaleza: “no teme a las criaturas, ni las busca para dominarlas ni poseerlas, sino para fraternizar con ellas y alabar juntos al Señor de todos”. “Pobre y libre, él no desea a las criaturas como objeto de placer o de poder, sino que las ama y admira como don de Dios, contribuyendo a liberarlas de su cautiverio”. Pero no las ve sólo como parte de la Creación, su respeto no proviene del miedo, sino que las valora como hermanas, como parte común del universo del que él se siente el hermano menor. No defiende la naturaleza para aprovecharla mejor, sino por respeto, amor y honda ternura.
Dice Darío en su poema, recreando la leyenda:
“Y el gran lobo, humilde: -- “¡Es duro el invierno, y es horrible el hambre! En el bosque heladono hallé qué comer; y busqué el ganado, y en veces comí ganado y pastor.¿La sangre? Yo vi más de un cazador sobre su caballo, llevando el azoral puño; o correr tras el jabalí, el oso o el ciervo; y más de uno vimancharse de sangre, herir, torturar, de las roncas trompas el hondo clamor, a los animales de Nuestro Señor, ¡Y no era por hambre que iban a cazar!”


Panteghini hace dos lecturas de la leyenda: el lobo hambriento y amenazante es símbolo de la naturaleza violada y oprimida, que se vuelve en contra del mismo opresor. La fiera se ha tornado agresiva por causa del hambre y los malos tratos. La naturaleza se ha tornado amenazante por malos manejos de los recursos naturales. Ésta es la lectura ecológica. En cuanto a la lectura política: “una vez identificada la causa de la agresividad, el hambre, y al establecer un régimen de mutua ayuda y respeto, se hace posible la paz y la convivencia civilizada”. También habla de la “amenaza” que los ricos ven en los pobres: “El lobo terrible, que se ha vuelto feroz por causa del hambre, que ataca a los ciudadanos de Gubbio, puede verse hoy como la personificación del mundo de la pobreza y la marginación (el Sur) y el que es mirado como un inminente peligro desde el mundo de la abundancia (el Norte) que se encierra dentro de los muros de sus propios intereses egoístas y procura mantener a distancia a su molesto agresor”.Sin embargo, quienes atentan contra la humanidad y la vida toda del planeta son la cultura consumista y la injusticia social, en las cuales los pobres no tienen responsabilidad alguna y más bien sufren las consecuencias.Así como el lobo era una amenaza para los pobladores porque tenía hambre y buscaba qué comer, igual se culpa a los indígenas y campesinos por dañar, por ejemplo, las Áreas Protegidas, cuando buscan algo para su sustento; pero lo hacen por necesidad, no como quienes consumen sin medida y acaban con los recursos naturales. Por ello, para proteger el medio ambiente, por un lado hay que generar alternativas económicas y de equidad social que ayuden a erradicar la pobreza; y por otro, cambiar los patrones de consumo desmedido.

***********
Los motivos del Lobo

Rubén Darío

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbio, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha desecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo:-- “¡Paz, hermano
lobo!” El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: -- “¡Está bien, hermano Francisco!”
“¡Cómo! -- exclamó el santo-- ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo, el espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?”
Y el gran lobo, humilde:-- “¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y a veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas el hondo clamor.
¡Y no era por hambre que iban a cazar!
Francisco responde:-- “En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gentes en este país.
¡Qué Dios melifique tu ser montaraz!”
-- “Está bien, hermano Francisco de Asís”.
-- “Ante el señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa, tiéndeme la pata.”
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
Y, baja la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo:”-- He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo;
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios”. -- ¡Así sea!”,
Contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de consentimiento,
movió testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al Convento.


Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
Iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.
Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.
Otra vez, sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio tregua a su furor jamás,
como si tuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos lo buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
-- “En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote -- dijo-- ¡Oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho”.
Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
-- “Hermano Francisco, no te acerques mucho…
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente;
Y entre mis entrañas revivió la fiera,
mas siempre mejor que esa mala gente,
y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad”.

Y el santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración
que era: “Padre nuestro, que estás en los cielos…”

(París, diciembre de 1913).

Políticos no prometan, actúen

—Doraldina Zeledón Ubeda—
El Nuevo Diario. Managua, Nicaragua./21-julio-2001/

Bajan de las montañas, y no precisamente con el saco de café, sino con el semblante quebrantado por el hambre y por el frío, ¡y por el abandono y las deudas!. Llegan a la ciudad, y «deambulan pidiendo un pedazo de pan o un guineo». Y el café bajó de precio, y les pertenece; pero no tienen un poquito para calentarse. Mientras en la capital, los políticos saborean el café y los pactos, y están inventando la próxima etapa de la campaña. Y ahora van a ofrecer semillas de mangos mejoradas, para que las cosechas no sean por épocas, sino que haya mangos durante todo el año, para que en San Lucas puedan aguantar hasta noviembre. Y los creativos de las campañas van a sembrar, en mantas, semillas de guineos mejoradas, para que los guineos no se pudran y así haya algo que comer, para llegar a las urnas, y asegurar el voto. Y seguramente luego irán al parque de Matagalpa a regalar abrazos y congelarlos en las fotos, para que la campaña sea más real.
¡Políticos, no prometan, actúen!, ayuden a los pobres, y a la vez se ayudarán a sobrevivir ustedes, porque sin pobres no hay promesas, y sin promesas no hay campañas, y sin campañas no hay «democracia», y sin democracia no llegarán al poder. ¡Y el poder está en el pueblo...!
Y los que no tenemos más que las palabras, deberíamos unir nuestras voces para apagar las promesas, y tratar de sensibilizar a los políticos recuperables, a los cristianos, a los empresarios. Y las universidades no deberían quedarse de brazos cruzados, su voz y sus proyectos deberían hacerse sentir. Aunque por supuesto, el primer preocupado debería ser el gobierno. Pero, si el gobierno no se preocupa, ¿vamos a dejar morir a los campesinos? Entonces los acuerdos del ALCA serán realidad: se reducirán los pobres, pero no porque se reduzca la pobreza, sino porque a los pobres los estamos matando de hambre, y entonces por fin «todo será mejor».
Y sin los campesinos no podemos vivir. ¿O acaso un abogado, o un contador o un político irá a sembrar frijoles y maíz, a cortar caña o café? Pero no digo que se les dé una limosna, lo que hay que hacer es regresarles lo que se les ha quitado: sus cosechas, su trabajo, a precios bajos; y regresarles lo que les pertenece: con financiamiento, educación, salud y asistencia técnica.
Y «Cristo va por las calles flaco y enclenque», y lo vamos a buscar a la catedral, nos arrodillamos, y con nuestro corazón arrepentido: «Padre Celestial, te prometo amar al prójimo como a vos mismo». Y el prójimo está ahí, durmiendo en la calle y pidiendo un guineo, para poder votar en noviembre...y sembrar semillas mejoradas.
Nota: campesinos de Matagalpa habían bajado de la montaña a solicitar apoyo del gobierno, pues ya no aguantaban el hambre. 2001.



http://archivo.elnuevodiario.com.ni/2001/julio/21-julio-2001/opinion/opinion5.htmlhttp

¿El derecho humano a la alimentación garantizado en “La Chureca”?

Doraldina Zeledón Úbeda
El Nuevo Diario, Managua, Nicaragua - Martes 18 de Marzo de 2008 -

El derecho a la vida es sagrado, nadie lo pone en duda, pero para lograrlo hay que garantizar la realización de otros: derecho a la alimentación, al agua, a la salud. Y al empleo. Es por esto que pelean los trabajadores de “La Chureca”.

Por varios días los camiones no pasaron. Managua estuvo inundada de basura. Los trabajadores del vertedero “La Chureca” no permitieron descargar los residuos, alegando que los recolectores de la Alcaldía “ordeñan” las bolsas, para quedarse con lo principal. La amenaza de una epidemia fue la alarma de las autoridades. No es para menos, corre peligro la salud de más de un millón 200 mil habitantes de la capital. Ésa es la noticia, y traspasó las fronteras. Lo demás, mil 600 personas que a diario se exponen a enfermedades de todo tipo, además de sufrir hambre y desnutrición, no es motivo de preocupación. Ni es noticia, porque no es nuevo. Hay miles en igual situación. Y en todo el mundo.

El problema no es por la protesta de los trabajadores de La Chureca, que viven de lo que recogen; ni de los recolectores de la Alcaldía, que “ordeñan” los residuos antes de descargarlos en el basurero, porque tienen bajos salarios. El problema, en primera instancia, es la falta de un sistema de gestión de residuos.

Pero el caso va más allá, no es sólo una posible epidemia, que sería terrible, ni falta de un sistema de gestión de residuos. Ni que las bolsas lleguen vaciadas al botadero. Esto es sólo la muestra de un mal mayor y crónico, que se manifiesta en un tumor purulento que revienta, duele y tiene mal olor. Un olor que está adentro, hasta el fondo del sistema: el problema es el abandono en que viven miles de familias (en todo el país) que no pueden hacer realidad su derecho humano a la alimentación, y por ende su derecho a la vida, ya no digamos a un ambiente saludable. Es la falta de empleos, la pobreza. Si estas familias de La Chureca tuvieran un trabajo digno, no estarían peleando por los residuos y los habitantes de Managua no estuvieran inundados de basura.

Es triste que haya gente que diga, a mí no me importa lo que pasa en La Chureca, lo que me interesa es que se lleven la basura. Es inaceptable que una alta autoridad exprese que el terreno del basurero es propiedad de la Alcaldía y que pueden sacar a los que protestan. Y es doloroso que la situación se manipule o se ironice. Esta falta de sensibilidad, de solidaridad, de honestidad, estos residuos de un sistema que nos carcome, es tan común como la basura en la calle. Y la gente no es del todo culpable, pues el ambiente descompuesto en el que vivimos diariamente y las propias penurias, empujan a ver sólo por nuestro interés. Pero sí son responsables los políticos y funcionarios, de ayer y de hoy.

Leí que hay cuatro factores de muerte precoz en el mundo: la guerra, el terrorismo, el SIDA y el hambre, y que ésta mata más gente que los otros tres juntos. Se legisla contra éstos y no contra el hambre “porque la pobreza es el único factor que hace distinción de clase” (Freí Veto). Sin embargo, estamos viendo que la pobreza también afecta a los ricos y a los no pobres. Y debería ser un problema de todos.

Hay muchas organizaciones y organismos internacionales que trabajan por el derecho a la alimentación. Deberían aunar esfuerzos, de paso se ahorrarían recursos que servirían para crear empleos dignos para los pobres, que no están pidiendo limosna, sino exigiendo una oportunidad para trabajar. También debería haber un programa de nación, no de partido, contra el hambre, al que se unan todos los sectores, incluyendo la empresa privada y los todos los partidos políticos; pues no es responsabilidad sólo del gobierno. Tenemos ejemplos en otros países, que deberíamos seguir. Supe en estos días, que en Guatemala hay un banco de alimentos por iniciativa del sector privado. Y en otros países de América Latina. ¿Por qué no puede ser posible aquí? ¿Por qué si la guerra nos conmueve por la cantidad de muertos, no nos conmueve los miles de personas que mueren diariamente por falta de alimentos? ¿Por qué la muerte o el secuestro de una persona mueven aviones y batallones, y la muerte de miles a causa del hambre ni nos inmuta?

Mientras tanto, nos preparamos para la Semana Santa, unas a rezar, otros a refrescarse y otros a descansar. Y “Cristo va por las calles flaco y enclenque” * cargando su eterna cruz. Y muchos derechos, sin embargo, muere viviendo de los desechos.
* Rubén Darío, en el poema "A Colón".
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A Colón
Rubén Darío

¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.

Un desastroso espíritu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.

Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.

Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros Reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.

Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semi-española
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.

Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertades yacen deshechas:
¡Eso no hicieron nunca nuestros Caciques,
a quienes las montañas daban las flechas!

Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas;
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!

Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España,
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la montaña.

¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!

Libres como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.

Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.

La cruz que nos llevaste padece mengua;
y tras encanalladas revoluciones,
la canalla escritora mancha la lengua
que escribieron Cervantes y Calderones.

Cristo va por las calles flaco y enclenque,
Barrabás tiene esclavos y charreteras,
y las tierras del Chibcha, Cuzco y Palenque
han visto engalonadas a las panteras.

Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!

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